Las parejas se rompen en vacaciones

Existe una estadística o… mito, no sé bien cuál de las dos palabras elegir, que dice que las parejas se rompen en vacaciones.

Índice
  1. Existe una estadística o… mito, no sé bien cuál de las dos palabras elegir, que dice que las parejas se rompen en vacaciones.
    1. Pensemos un momento en qué consisten las vacaciones.
    2. Ahora imaginad, una pareja en la cual, esa elección consista en cosas distintas.
    3. El deseo es generoso, el capricho es egoísta.
    4. ¿Soluciones?
    5. Algunas ideas para ponerse de acuerdo en vacaciones.
    6. Y ¿con niños?
    7. Unas pocas pinceladas a la cuestión para evitar la ruptura:

Y digo que, tal vez es un mito, porque yo no he encontrado dichas estadísticas en ninguna parte. Mi experiencia me dice que hay parejas que se rompen en vacaciones igual que las hay que salen reforzadas de esta breve experiencia.

Quizás pues, todo depende del enfoque que se les dé a las mismas.

Ayer un conocido me estaba explicando con deleite la maravillosa experiencia que habían vivido él y su mujer en un viaje que acababan de hacer a Irán.

Ya de por sí es un destino que encontré extraño con la que está cayendo por allí. Pero él me explicó que, en realidad, estamos llenos de prejuicios y que habían ido en un viaje organizado por una persona que conoce muy bien aquello.

No solo había sido interesante descubrir el país de la antigua cultura persa que aún perdura, sino que habían descubierto también que sus gentes son maravillosas y acogedoras.

Que la mayoría de la gente no solo rechazan, sino que luchan contra el integrismo y que lejos de ser una zona destruida, aquello está lleno de jardines y construcciones maravillosas que recuerdan las mil y una noches.

El hombre estaba encantado con la experiencia que habían vivido. Pocos minutos después, mientras él iba a buscar bebida, su mujer me dijo que era ella quien había tenido la idea, que él no quería ir, pero que ahora estaba encantado.

Eres convincente le dije, menos mal que te ha salido bien.

Me la jugué, me respondió ella.

Ahí está la clave, pensé, en que la mayor parte de las veces nos la jugamos con nuestra pareja y, claro está no siempre sale bien.

Yo pienso que, si la pareja se rompe en las vacaciones, sobre todo en verano que son más largas, por exceso de convivencia, como dicen algunos psicólogos, es que la pareja estaba ya rota.

¿Qué hay mejor que poder pasar unos días con la persona a la que amas?

Sin embargo, no todo es tan fácil. Además de estar con la persona a la que quieres hay que estar a gusto.

Pensemos un momento en qué consisten las vacaciones.

Es un periodo al que nos da derecho nuestro sistema social (y que en la mayoría de las culturas hasta hace poco no tenían).  Estas sirven para desconectar de la vida laboral, pasar un tiempo con la familia y los amigos, descansar físicamente y, sobre todo y principal, tener el derecho a elegir nuestras actividades durante ese periodo.

Las vacaciones más largas de las que gozamos son en verano, para disfrutar también del buen tiempo. Pero, esto no es solo porque nuestros gobiernos son así de majos, sino porque en verano, con el exceso de calor, las personas suelen estar más molestas y rendir menos.

Aunque esto último parezca beneficioso, hay que tener en cuenta que, quién se pone más irritable por el calor, no solo lo hace solo en el trabajo, sino también en el seno familiar.

Por esa razón, mientras muchas personas tienen como ideal de vacaciones la playa, el calorcito y los mojitos, otras pueden desear huír del calor que les resulta insoportable y elegir como destino sitios más fríos.

Este "problema" no suele darse en las vacaciones de Navidad, porque son cortas y suelen ser familiares por tradición. Y, tampoco, en los pocos días de semana santa ya la temperatura no es tan elevada.

Por lo tanto, las vacaciones que pueden y suelen presentar más conflictos, son las de verano.

Ahora imaginad, una pareja en la cual, esa elección consista en cosas distintas.

Mientras, por ejemplo, ella quiere ir al pueblo a ver a su familia, él quiere hincharse de playa y paellas. O aún peor, que ambos quieren un viaje, pero el destino de sus sueños es diferente.

En cualquier caso, la mayoría de las veces, no hay consenso y uno de los dos acaba cediendo a los caprichos del otro. Y, empleo la palabra capricho y no deseo, porque cuando uno impone su voluntad en lugar de negociar un punto intermedio lo que hace es obligar al otro a ceder a sus caprichos.

El deseo es generoso, el capricho es egoísta.

Y ahí es donde nos la jugamos. Los dos, por supuesto.

El que cedió, porque si al final el viaje acaba siendo de su agrado, va a estar agradecido a su pareja de haberle obligado a ir. Pero si no es así, va a pasar las vacaciones enfadado, quisquilloso y triste, pensando que está dilapidando sus días de ocio y descanso en algo que no le gusta en absoluto y perdiendo un tiempo que no volverá.

El otro, a su vez no va a entender porque, si él o ella cedió a su capricho, ahora no disfruta y le amarga las vacaciones.

Ahora añadamos a la situación, el que uno de ellos no soporte el calor y el otro no soporte el frío.

Parece mentira, pero este tipo de parejas es bastante frecuente, uno caluroso y el otro friolero.

Y, claro está, nunca llueve a gusto de todos, así que uno de los dos, lo va a pasar fatal: enfadado e irritado sin remedio.

Evidentemente, va a hacer falta mucho amor para que esa pareja salga intacta de la experiencia.

¿Soluciones?

Pues soluciones hay varias, pero todas pasan por la comprensión y la generosidad.

Algunas ideas para ponerse de acuerdo en vacaciones.

  1. Partir las vacaciones dos periodos en los cuales cada uno de los dos elige el destino y se amolda a los planes del otro.
  2. Buscar un plan intermedio en el que los dos estén de acuerdo, menos emocionante para uno y menos aburrido para el otro. El único problema de este plan es que, casi siempre, se acaba haciendo lo mismo y se corre el peligro de la rutina. A veces la casa de la playa o del pueblo acaba siendo una prisión en la que el tedio puede ser insoportable. Afortunadamente no siempre en es así.
  3. Que la pareja reserve una parte de las vacaciones para ir cada uno por su lado a su destino favorito y, otro periodo, para pasarlo juntos contándose la experiencia. Ya he avanzado que había que ser géneroso/a y, sobre todo, ni celoso/a, ni posesivo/a.
  4. Lo echáis a suertes y un año empieza eligiendo uno y al año siguiente elige el otro. Eso sí, os recomiendo que lo pongáis por escrito y los dos firméis y lo pongáis en un sitio seguro. La memoria es débil en cuestiones como ésta.
  5. La más clásica, no se ponen de acuerdo, se pelean, no se deciden por nada y ambos se quedan en casa enfadados y reprochándole al otro el estar perdiendo las vacaciones. No es una solución, pero es lo que ocurre en una inmensa cantidad de casos.

Yo ya no os puedo decir más. La elección es vuestra.

Solo os recomiendo diálogo, mucho diálogo.

Si tienes una ilusión, verdaderamente una ilusión y no un capricho y se lo explicas bien, tu pareja aceptará seguramente de buen grado ceder a tu deseo.

Claro está, si eso no se repite cada año, porque seguramente él o ella también tiene sus propias ilusiones.

En definitiva que, en mi opinión, las parejas que se rompen en vacaciones por exceso de convivencia es mínima. La ruptura de da por otras razones.

Lo que más rompe las parejas, sobre todo, en verano es:

  • Que han convenido tener una segunda residencia y están esclavizados a ella. Por lo tanto, no cambian el chip, no desconectan, no se airean. Es lo mismo en otro escenario. Sobre todo, si además, no tienen un grupo de amigos para cambiar las rutinas.
  • Que es siempre el mismo/a quien organiza las vacaciones y, por lo tanto, no tiene en cuenta los deseos del otro. He visto parejas en las cuales, uno de los dos tiene una aficción, por ejemplo, el senderismo y la montaña y arrastra al otro año tras año a rutas diferentes. Mientras uno vuelve de las vacaciones radiante de felicidad, el otro vuelve hasta las mísmisimas de la puñetera montaña, la soledad y los mosquitos.
  • Que, como, en realidad, no están a gusto juntos, en las vacaciones, tienen más tiempo para arremeter el uno contra el otro por cualquier tontería. Esos son los que suelen  "abrir los ojos" y darse cuenta de una vez de que su relación no funciona ni en vacaciones, ni fuera de ellas.

Disfruta de las vacaciones con tu pareja y ten en cuenta todos estos consejitos para que sea cada vez como una nueva Luna de Miel y no una "tortura china".

Y ¿con niños?

Y, si tenéis niños, que es algo que no he tenido en cuenta en este post a propósito, porque da para uno entero, evitad que ellos sean el centro de atención y la pareja quede anulada.

Es muy facil poner a los hijos de excusa para enmascarar el verdadero problema.

Unas pocas pinceladas a la cuestión para evitar la ruptura:

Si podéis tomaros unos días para vosotros solos y no pasar las vacaciones enteras con los niños, hacedlo. Los podéis mandar de camapamento, con los abuelos o con amigos, cada cual según sus posibilidades.

Pero, pasar unos días en pareja, sin estímulos y conflictos provocados por los niños, también es una forma de reforzar la pareja o plantearse si funciona.

Las vacaciones sirven para todo. ¡Aprovéchalas!

Rosalia

Psicóloga Gestalt, Hipnóloga y Coach de pareja. 40 años ayudando a personas a encontrar su pareja ideal y como llevar su relación hacia una estabilidad duradera.

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